Este
martes se cumplirán 146 años de la visita a la ría, imaginada por Julio Verne,
del submarino del capitán Nemo para rescatar los tesoros de Rande.
Cualquier
ciudad del mundo pagaría por tener una efeméride como ésta: 18 de febrero de
1868. Ese día era en Vigo un brumoso martes de invierno. Y la ciudad vivía
alterada por la Real Orden recién dictada por el gobernador civil de
Pontevedra. En ella, se prohibía la existencia de más de una sociedad de recreo
por población. Y se obligaba al Casino y a la Tertulia a fusionarse. El revuelo
fue enorme y ambos círculos culturales optaron por la desobediencia, pese a las
amenazas de disolución por la fuerza. Así que, en medio de la barahúnda, nadie
reparó en que en la ría estaba sucediendo un prodigio.
Porque
esa mañana, mientras los vigueses discutían de sus cosas, el tajamar del
Nautilus quebraba las aguas de la bahía de Vigo y enfilaba la ensenada de San
Simón. A bordo, el capitán Nemo recibía en su camarote al profesor Aronnax, su
huésped forzoso. Y pronunciaba su ya famosa frase: «En estos momentos, nos
encontramos en la misma bahía de Vigo y solo de usted depende el descubrir los
misterios que en ella se encierran».
Como es
sabido, Nemo cuenta a Aronnax la batalla de Rande y el desastre de los galeones
de la Flota de la Plata en 1702. Mientras charlan, el profesor observa por una
claraboya cómo los buzos del Nautilus, equipados con sistemas de respiración
asistida Rouquayrol y lámparas Ruhmkorff, desentierran cofres cargados de
tesoros. Con ellos, financia sus misiones el Príncipe Dakkar, la identidad real
de Nemo, que desvelará en La isla misteriosa. Sufraga, también, algunas
revoluciones que sacuden el mundo en el exaltado año 1868.
¿Pero
cómo sabemos que el Nautilus entró en la ría exactamente el 18 de febrero de
1868? Como he desvelado la fecha, diré que llegar a ella es largo, pero también
es fácil. En realidad, fue un placer, porque sólo obliga a leer con atención y
tomando notas la novela 20.000 leguas de viaje submarino. Y está contada como
un diario.
Todo
comienza en 1866, cuando varios barcos son hundidos por una extraña criatura
marina. En junio de 1867, la fragata Abraham Lincoln zarpa de los muelles de
Brooklin, en Nueva York, a la caza del monstruo. Y, como asesor científico, viaja
el zoólogo Aronnax, acompañado de su mayordomo. La búsqueda resulta infructuosa
durante meses. El 6 de agosto doblan el Cabo de Hornos y, dos semanas más
tarde, atraviesan el Trópico de Capricornio rumbo al Pacífico Noroeste.
Cruzarán el Ecuador el 27 de agosto y cumplirán tres meses de misión en las
islas Sándwich y Marquesas. Finalmente, en noviembre, aparecerá la criatura. A
las 23 horas del 7 de noviembre de 1867, la fragata Abraham Lincoln es
embestida por el monstruo. Caen al agua Aronnax, Conseil y Ned Land. Y, a la
mañana siguiente, cuando se creen a punto de perecer, emerge el Nautilus y
recoge a los tres.
Una vez a
bordo, los náufragos son recibidos por Nemo en la fastuosa biblioteca del
sumergible. Desde ese momento, sabrán que son prisioneros de una de las más
grandes aventuras de la historia de la literatura.
Diez días
después de su rescate, los pasajeros son invitados a una cacería submarina en
aguas de la isla de Crespo. Allí se usarán aparatos Rouquayrol de respiración
submarina y lámparas Ruhmkorff. Ambos inventos fueron estrenados para el
rescate de los tesoros de Rande, en la época en que Verne escribió su novela.
Lo que nos demuestra que el escritor de Nantes seguía los trabajos que se
hacían en Vigo.
En los
meses sucesivos, el Nautilus cruza el Ecuador (1 de diciembre), avista las
islas Marquesas (4 de diciembre), pasa las Nuevas Hébridas (25 de diciembre) y
tiene un combate con los aborígenes de Papúa (9 de enero). Tras navegar por
Timor, Ceilán y el golfo de Adén, el 7 de febrero se adentran en el Mar Rojo. A
través de un canal submarino -que adelanta el milagro de la ingeniería en Suez-
acceden al Mediterráneo, donde recalan en Grecia para apoyar a la resistencia
contra el Imperio Otomano.
Finalmente,
el Nautilus cruza el estrecho de Gibraltar y entra en la ría de Vigo el 18 de
febrero de 1868. Será una breve escala, con un único objetivo: acceder a la
auténtica caja de caudales del capitán Nemo, el tesoro de los galeones de la
Flota de la Plata, hundida en la batalla de Rande de 1702. Tras cargarse de
riquezas, el Nautilus enfila hacia las islas Cíes y abandona la ría de Vigo
para llegar al día siguiente a la Atlántida, situada muy cerca, según la
novela. Julio Verne pasaría, diez años más tarde, más tiempo en Vigo que el
propio Nautilus. En concreto, cuatro días en 1878 y otros tantos en 1884, en
los que gozaría de la ciudad y participaría de su vida social y sus fiestas.
El
próximo martes se cumplirán, por tanto, 146 años de la llegada a Vigo del
Nautilus. Se trata de una efeméride literaria y por ello más fascinante. Al
tiempo, que local y universal. Aquel 18 de febrero de 1868 los vigueses no
repararon en el prodigio que se vivía en la ría. Pero meses más tarde, en
septiembre de ese mismo año, asaltarían el Ayuntamiento y proclamarían la I
República. Algo, en aquella revolución, tuvo que ver el influjo del capitán
Nemo. Y, por cierto, la Tertulia y el Casino no se fusionarían. Su
desobediencia les permitió, diez años después, convidar a Julio Verne a sus
distinguidos bailes.
Fuente: Eduardo Rolland (LaVozdeGalicia)


martes, febrero 18, 2014

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